Arqueólogos hallan 119 cráneos de la época de Tenochtitlan en el Centro Histórico de la Ciudad de México

* Se trata de una torre o muro circular de cráneos humanos, de 4.7 metros de diámetro, que la tribu de los mexicas consagraron al dios Huitzilopochtli.

CIUDAD DE MÉXICO (RT) 12 de diciembre de 2020.- Investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México localizaron el extremo este y la fachada externa del Huei Tzompantli, una torre o muro circular de cráneos humanos, de 4.7 metros de diámetro, que la tribu de los mexicas consagraron al dios Huitzilopochtli entre 1486 y 1502.

Cinco años atrás, los arqueólogos lograron localizar los vestigios del extremo noreste. “El Huei Tzompantli es, sin duda, uno de los hallazgos arqueológicos más impactantes de los últimos años en nuestro país, pues es un importante testimonio del poderío y grandeza que alcanzó México-Tenochtitlan [la capital del Imperio mexica]”, afirmó la secretaria de Cultura del gobierno mexicano, Alejandra Frausto Guerrero.

De acuerdo con la investigación, tras la caída la ciudad de México-Tenochtitlan en manos de los colonizadores españoles, se dio paso a la destrucción de la mayor parte del Huei Tzompantli y se arrasó con los cráneos de la torre, cuyos fragmentos se han recuperado desde el año 2015.

Hasta el momento, se han visualizado 119 cráneos humanos de la sección este de la torre, que se suman a los 484 identificados con anterioridad.

Los cráneos estuvieron exhibidos en la empalizada y “fueron unidos con argamasa de cal con arcilla”, explicó Raúl Barrera Rodríguez, titular del Programa de Arqueología Urbana (PAU), quien destacó que por sus características óseas, se trataría de individuos de entre 25 y 30 años de edad, además de algunos niños.

“Debió haber sido muy impactante ver esta fachada o este muro circular hecho de cráneos humanos”, manifestó Barrera, quien estima que las remodelaciones prehispánicas hechas con rocas de tezontle, colocadas con argamasa de cal y de arena, “afectaron o dañaron parcialmente varios cráneos”.

En Mesoamérica se creía que el sacrificio ritual mantenía con vida a los dioses y daba continuidad a la existencia del universo. “Era un compromiso que cotidianamente se establecía entre los seres humanos y sus dioses, como una forma que incidía en la renovación de la naturaleza y en asegurar la continuidad de la vida”, dice Barreras.

Sin embargo, el arqueólogo cree que este monumento también era una declaración de poder bélico de los mexicas hacia sus enemigos, y es probable que muchos de los individuos, capturados en combate, hayan sido sacrificados como un “pago” para conseguir favores de los dioses.

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